jueves, 26 de febrero de 2026

La lagaña de perro


En las noches más oscuras, cuando la luna se esconde y las sombras se alargan, los perros ladran a la nada. No es el viento que susurra entre los árboles, no es un ladrón que se acerca... es algo más. Algo que pocos pueden ver, algo que acecha en los rincones más oscuros de la realidad. Los perros, guardianes de lo sobrenatural, advierten de presencias que no deberíamos ver. Sus ladridos son un escudo, un intento de ahuyentar a los espíritus que rondan, de proteger a sus dueños de lo que se esconde en la oscuridad.


Se dice que los perros tienen un sexto sentido, una conexión con el otro lado que les permite ver lo que nosotros ignoramos. Pueden sentir la presencia de entidades que se deslizan por las calles, de almas en pena que buscan redención, de criaturas que no tienen nombre. Y cuando ladran, es porque están tratando de alertarnos, de decirnos que algo no está bien.


Pero hay un precio por saber más. Se dice que si te pones la lagaña de perro en los ojos, el velo se levanta. Verás sombras que se arrastran por las paredes, entidades que no tienen rostro, luces que parpadean en la distancia. Algunos dicen que pierden la cordura, otros que quedan atrapados en un mundo paralelo, otros que simplemente desaparecen, como si la oscuridad los hubiera tragado.


Los abuelos lo saben, las abuelas lo advierten: no toques la lagaña de perro. No juegues con fuego, no te metas con lo que no puedes controlar. La próxima vez que los perros ladren en la noche, pregúntate... ¿qué están tratando de protegernos? ¿Qué ven ellos que yo no?

Redactado por Estrellita 

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