En una tranquila colonia de Chilpancingo, un joven vivía una experiencia que jamás podría olvidar. Una noche, mientras descansaba en su habitación, su teléfono comenzó a sonar. Al revisar la pantalla, se sorprendió al ver el nombre de su mejor amigo.
Sin sospechar nada extraño, contestó de inmediato. Sin embargo, al otro lado de la línea no había una voz clara, solo una interferencia constante, como si la señal estuviera fallando. Entre el ruido, creyó escuchar un susurro débil, casi incomprensible, que decía su nombre.
Confundido, colgó e intentó devolver la llamada, pero esta vez nadie respondió. Minutos después recibió un mensaje de otro amigo con una noticia impactante: su mejor amigo había fallecido esa misma tarde en un accidente.
El joven quedó paralizado. No podía entender cómo había recibido aquella llamada si su amigo ya no estaba con vida. Desde esa noche, cada vez que su teléfono suena a altas horas, un escalofrío recorre su cuerpo, recordándole que, a veces, lo inexplicable logra cruzar incluso la barrera entre la vida y la muerte.
Redactado por : el Isra

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