Los más ancianos del pueblo dicen que, si en un día soleado —cuando no se esperan lluvias y ni siquiera es temporada de tormentas— comienza a correr un viento fuerte, como si el cielo estuviera enojado, es porque alguien ha muerto y su espíritu anda recorriendo los lugares por donde caminó en vida, juntando los pasos que dio… como si no quisiera olvidar el camino de regreso.
Dicen que el viento no sopla al azar: abre puertas que estaban cerradas, levanta polvo de los caminos y hace crujir las ventanas, como si estuviera buscándolo todo por última vez. Y claro, siempre hay alguien que jura haber visto cómo una silla se mueve sola o cómo la ropa tendida empieza a bailar sin música, justo cuando el aire sopla más fuerte.
Algunos se persignan, otros simplemente cierran las ventanas y se hacen los valientes… aunque por dentro estén más asustados que gato en veterinaria . Porque, según cuentan, ese viento no solo trae hojas y tierra, sino también susurros que parecen decir tu nombre si pones demasiada atención.
Y por si fuera poco, los ancianos aconsejan no salir cuando el viento sopla así, ya que el espíritu podría confundirte con alguien conocido y decidir que lo acompañes en su último paseo por el pueblo. Así que, si un día el sol brilla, pero el viento ruge como tormenta… mejor quédate en casa, porque tal vez no solo sea el clima el que anda de malas.
Redactado por Dani.

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