domingo, 29 de marzo de 2026

La Pasajera de la Curva

En una carretera vieja, a las afueras del pueblo, hay una curva que todos evitan después de medianoche.

No está señalada en los mapas… pero los conductores la conocen bien.

Le llaman “La Curva de la Última Parada”.

Cuenta la gente que, hace muchos años, una joven desapareció ahí mientras esperaba el autobús bajo la lluvia. Nadie supo qué pasó con ella. Nunca encontraron su cuerpo.

Desde entonces… sigue esperando.

Una noche, Luis regresaba a casa en su coche. La carretera estaba vacía, el cielo sin luna y la niebla comenzaba a cubrir todo.

Al girar en la curva… la vio.

Una chica vestida de blanco, parada a un lado del camino, empapada, con la cabeza inclinada.

Luis dudó… pero decidió detenerse.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó bajando la ventana.

La chica no respondió. Solo levantó lentamente el rostro.

Tenía los ojos… completamente negros.

—“¿Me llevas?” —susurró.

Luis sintió un escalofrío, pero asintió.

La chica subió al asiento trasero.

El coche avanzó en silencio.

Demasiado silencio.

Luis miró por el retrovisor.

La chica no estaba viendo el camino… estaba viéndolo a él.

Sonriendo.

—“Gracias… nadie se detiene ya…” —dijo con voz quebrada.

Luis tragó saliva.

—¿A dónde vas?

La chica inclinó la cabeza.

—“A donde tú ibas…”

En ese instante, la radio se encendió sola con un ruido estático. Las luces del coche parpadearon.

Luis volvió a mirar el retrovisor.

Ahora la chica estaba más cerca… justo detrás de su asiento.

Sin haberse movido.

—“Ya casi llegamos…” —susurró.

Pero Luis no reconocía la carretera.

El camino había desaparecido.

Solo había oscuridad.

Frenó de golpe.

El coche quedó en silencio.

Giró lentamente la cabeza hacia atrás…

Nada.

La chica ya no estaba.

Respiró aliviado… hasta que vio el asiento del copiloto.

Ahí estaba ella.

A su lado.

Sonriendo.

—“Gracias por traerme de vuelta…”

A la mañana siguiente, encontraron el coche de Luis vacío… justo en la curva.

Las puertas cerradas.

Sin señales de violencia.

Solo un detalle extraño:

El retrovisor estaba roto desde dentro.

Y en el vidrio, alguien había escrito con humedad:

“Ya no estoy sola.”

Redactado por Estrella.



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