Dicen que en un pueblecito, entre calles tranquilas y casas antiguas, hay una casa en la que nadie se atreve a vivir. No está completamente abandonada... pero tampoco tiene dueño.
Dicen que, hace años, allí vivía una familia muy tranquila. Nunca hubo problemas, nunca gritos, nada extraño... hasta una noche.
Esa noche, los vecinos empezaron a oír ruidos. No eran golpes ni discusiones. Eran… pasos lentos, que se arrastraban por toda la casa, como si alguien hubiera estado caminando sin rumbo durante horas. Lo extraño es que las luces estaban apagadas.
A la mañana siguiente, la casa estaba vacía.
No había señales de que se hubieran marchado. Todo seguía en su sitio: los platos sobre la mesa, la ropa doblada, la puerta cerrada por dentro. Simplemente… ya no estaban.
Con el tiempo, alguien intentó vivir allí. Un hombre que no creía en cuentos. La primera noche no pasó nada. La segunda, empezó a oír pasos.
Él pensaba que eran animales.
La tercera noche, los pasos cesaron justo delante de su habitación.
Y entonces... llamaron a la puerta.
No fue un golpe fuerte. Fueron tres toques suaves... como si alguien supiera que yo estaba allí.
El hombre no abrió.
Dicen que al día siguiente se marchó sin decir palabra. Dejó la casa tal como la encontró.
Desde entonces, nadie ha entrado.
Pero algunos vecinos afirman que, por la noche, todavía se oyen pasos dentro... que recorren cada habitación... como si alguien aún viviera allí.
O como si algo estuviera buscando salir.
Y lo más inquietante no es eso.
Lo que realmente molesta a la gente... es que, a veces, esos pasos ya no se oyen dentro de la casa.
Se les oye en la calle.
Trabajo realizado por Juan José

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